La iniciativa, impulsada por la Universidad Técnica Federico Santa María, Sede Concepción; la Universidad Católica de la Santísima Concepción y los Tecnológicos Nacionales de México, permitió transferir conocimientos y buenas prácticas a pequeños productores, fortaleciendo la sostenibilidad y competitividad del sector vitivinícola.
Treinta productores vitivinícolas de las regiones del Biobío y Ñuble culminaron un proceso de formación que les permitió incorporar nuevas herramientas para fortalecer la gestión de sus viñas, mejorar la calidad de sus procesos y proyectar de mejor manera sus emprendimientos. El hito se concretó con la ceremonia de certificación de la Primera Jornada Binacional de Competitividad Sostenible Vitivinícola, desarrollada gracias al trabajo conjunto de la Universidad Técnica Federico Santa María, Sede Concepción; la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC); y los Tecnológicos Nacionales de México, Campus Purísima del Rincón y Campus Chihuahua.
La actividad de cierre, realizada en la UCSC, puso término a un programa de 20 horas cronológicas que, durante cinco módulos, reunió a productores, académicos y estudiantes de Chile y México en torno a un objetivo común: fortalecer la competitividad del sector vitivinícola mediante la transferencia de conocimientos, el intercambio de experiencias y la cooperación internacional.
Durante el programa, los participantes profundizaron en materias como optimización de procesos productivos, costos y rentabilidad, protección de marcas, innovación y estrategias sostenibles para el desarrollo de sus viñas. Pero, además de los contenidos técnicos, la jornada permitió generar un espacio de encuentro donde surgieron redes de colaboración y aprendizajes compartidos que buscan proyectarse más allá de esta primera experiencia.
Para el director de la Universidad Técnica Federico Santa María, Sede Concepción, Cristian Lara, esta iniciativa refleja el compromiso de la institución con el desarrollo regional y con una vinculación efectiva entre la academia y el sector productivo.
“Uno de los desafíos que tenemos como Universidad es construir puentes entre el conocimiento y las necesidades del territorio. Esta jornada binacional refleja ese propósito, al reunir a instituciones de Chile y México en torno a una iniciativa que fortalece el trabajo conjunto y abre nuevas oportunidades para el desarrollo de un sector tan importante para nuestras regiones como la vitivinicultura de cepas patrimoniales del valle Itata y Biobío”, señaló.
Transferencia de conocimiento con impacto territorial
Dos de los módulos fueron liderado por docentes del Departamento de Química y Medio Ambiente de la USM, quienes trabajaron junto a los productores en herramientas orientadas a optimizar los procesos de vinificación y fortalecer la calidad de sus productos, acercando las capacidades científicas y tecnológicas de la Universidad a una actividad que forma parte del patrimonio económico y cultural de ambas regiones.
Para el profesor del Departamento de Química y Medio Ambiente, Rafael Solar, esta iniciativa refleja el compromiso de la universidad con el desarrollo del territorio, “evidenciado en resultados concretos como la transferencia de tecnologías de análisis y control de calidad a pequeños y medianos productores, la mejora en prácticas sostenibles de vinificación y el fortalecimiento de capacidades técnicas que impactan directamente en la competitividad del sector vitivinícola de Ñuble y Biobío, generando beneficios tangibles para la comunidad y el territorio”.
Asimismo, valoró el impacto alcanzado durante el proceso formativo. “Durante cinco módulos desarrollados en territorio y en dos universidades de la región, productores, estudiantes y académicos de Chile y México compartieron experiencias y conocimientos en torno a la calidad, la sostenibilidad y la competitividad del sector. Esto se tradujo en redes de colaboración activas, la adopción de buenas prácticas productivas y nuevas oportunidades de desarrollo para la vitivinicultura local, fortaleciendo de manera concreta el vínculo entre la academia y el territorio”, afirmó.
La articulación entre las instituciones participantes fue uno de los principales sellos de esta primera versión, permitiendo integrar conocimientos provenientes de distintas disciplinas para responder a los desafíos que enfrenta hoy la industria vitivinícola.
El académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la UCSC, Sergio Fernández, destacó el valor de este trabajo colaborativo y las oportunidades que abre para futuras iniciativas.
“Para nosotros como universidad es muy importante relacionarnos con el sector productivo, transmitir los conocimientos que hemos desarrollado y aportar al crecimiento de sus negocios. Estamos muy contentos por la recepción que tuvo esta iniciativa y confiamos en que podremos seguir desarrollando nuevas instancias de colaboración que integren a más personas y continúen fortaleciendo la gestión de este importante sector productivo”, comentó.
Proyectando nuevas redes de colaboración
Quienes participaron del programa también destacaron el impacto concreto que tuvo esta experiencia en sus emprendimientos. Además de acceder a herramientas especializadas, valoraron la posibilidad de conocer experiencias internacionales y compartir con otros productores de la zona.
Héctor Espinosa, propietario de Viña Tierra Firme, de San Rosendo, sostuvo que “esta capacitación ha sido muy beneficiosa para los pequeños productores. Gracias al trabajo de la Universidad Técnica Federico Santa María y la Universidad Católica de la Santísima Concepción hemos podido acceder gratuitamente a talleres y análisis que son de gran utilidad para mejorar nuestro trabajo. Además, conocer la experiencia de los especialistas mexicanos fue muy valioso, porque nos permitió aprender de otras realidades y seguir perfeccionándonos para responder a un mercado cada vez más exigente”.
Es importante destacar que la Primera Jornada Binacional de Competitividad Sostenible Vitivinícola permitió consolidar una red de colaboración entre instituciones de educación superior de Chile y México, dejando abiertas nuevas oportunidades para continuar impulsando iniciativas de transferencia tecnológica, innovación y desarrollo sostenible en un rubro que forma parte de la identidad y el patrimonio productivo de las regiones del Biobío y Ñuble.


