Lo diverso no es una excepción

Por Valeria Campos Onetto

Académica.

Departamento de Química y Medio Ambiente.

24 - junio - 2026

Lo diverso no es una excepciónCada junio, el mes del Orgullo LGBT+ vuelve a instalar una pregunta incómoda para quienes aún intentan reducir la diversidad sexual a una anomalía: ¿qué ocurre cuando la propia naturaleza desmiente esa idea? Durante décadas, una parte del debate público ha usado la biología como argumento de autoridad para defender visiones estrechas de la sexualidad. Sin embargo, cuando la biología se observa con rigor, el panorama es bastante menos binario, menos rígido y mucho más interesante.

Recientemente publicamos una revisión sistemática en la que tras analizar diversos estudios científicos, encontramos registro de comportamientos sexuales entre individuos del mismo sexo en cerca de 207 especies de invertebrados, incluyendo insectos, moluscos, lombrices, gusanos, cangrejos, etc. Estos comportamientos pueden incluir cortejo, monta, cópula, formación de pares o interacciones similares, y no se reducen a una sola explicación.

Ese es, precisamente, uno de los aportes más relevantes del estudio: mostrar que estas conductas pueden originarse por distintas vías. En algunos casos, se explican por reconocimiento impreciso o apareamiento indiscriminado, cuando las señales para distinguir el sexo son ambiguas o cuando rechazar una posible pareja puede ser más costoso que intentar una interacción ocasionalmente errónea. En otros casos, dependen del contexto social o ambiental: densidad poblacional, proporción de sexos, escasez de parejas, infecciones, experiencia previa o riesgo de depredación. También existen situaciones en que podrían cumplir funciones adaptativas, como aumentar oportunidades reproductivas futuras, favorecer la cooperación, reducir riesgos o mantener cohesión social. Básicamente, concluyendo que estas conductas no son anomalías, sino parte del repertorio conductual de los animales.

Esa conclusión no significa que deba buscarse en insectos, crustáceos o moluscos una justificación moral para la existencia de personas lesbianas, gays, bisexuales, trans o queer. Los derechos humanos no dependen de lo que hagan otros animales. Ninguna persona necesita que una libélula, un escarabajo o un pulpo “validen” su dignidad. Pero la evidencia sí permite desmontar una afirmación persistente y científicamente débil: que la diversidad sexual sería contraria a la naturaleza. La naturaleza, observada sin prejuicio, rara vez se acomoda a las categorías rígidas que las sociedades intentan imponerle.

La sexualidad animal es más compleja de lo que tradicionalmente se enseñó. La revisión advierte, además, que gran parte de la evidencia disponible está concentrada en insectos, probablemente porque son más fáciles de observar y estudiar, no porque otros grupos carezcan de estas conductas. Es decir, incluso el conocimiento científico está condicionado por dónde se ha puesto la atención. Lo que no se estudia parece no existir, hasta que alguien decide mirarlo con otras preguntas. Ese punto tiene una resonancia social evidente. Durante mucho tiempo, muchas formas de diversidad humana también fueron invisibilizadas no porque no existieran, sino porque no eran nombradas, eran castigadas o eran forzadas al silencio.

En junio, hablar de Orgullo desde la ciencia implica defender una idea básica: la diversidad no es ruido en el sistema, sino parte de la variación que caracteriza a la vida. Los organismos no son máquinas diseñadas para obedecer categorías simples. La evolución trabaja con plasticidad, contexto, historia, oportunidad y contingencia. En ese marco, las conductas sexuales entre individuos del mismo sexo no aparecen como una rareza marginal, sino como un fenómeno distribuido, diverso y aún insuficientemente estudiado.

Quizás una de las tareas pendientes sea aprender a mirar mejor. Mirar la biodiversidad sin reducirla a esquemas cómodos. Mirar la sexualidad sin convertirla en amenaza. Mirar la evidencia sin forzarla a confirmar prejuicios. En ese ejercicio, una revisión sobre invertebrados puede decir bastante más que lo que aparenta: que la vida es compleja, que la variación importa y que lo diverso no necesita pedir permiso para existir.

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