¿Por qué nuestros abuelos no necesitaban una ley para reciclar?

Por Pamela Bonert

Profesora del Departamento de Ingeniería Química y Ambiental.

19 - mayo - 2026

¿Por qué nuestros abuelos no necesitaban una ley para reciclar?Muchas personas atesoran ropa heredada de sus abuelos, pero, seamos honestos, difícilmente nosotros le heredaremos a nuestros nietos una chaqueta. ¿Tenían antes clósets más grandes para rotar y cuidar sus prendas? Todo lo contrario.

Pensemos en Isabel la Católica: según los guías del Alcázar de Segovia, la mujer más poderosa del siglo XV poseía solo tres vestidos; el resto eran enaguas. Su reducido guardarropa no era producto de un afán de sencillez, sino que la producción previa a la Revolución Industrial era manual, lenta y diseñada para durar. Un escenario diametralmente opuesto al actual, donde la producción global alcanzó los 150 mil millones de prendas solo en 2023, como señala Emily Chan, editora de sostenibilidad de British Vogue.

Este salto no es casualidad. Desde 1800, la población mundial pasó de 983 a más de 8 mil millones de habitantes, y el PIB per cápita global escaló de 1.500 a 21.400 dólares. Ante miles de millones de personas con mayor poder adquisitivo, el mercado aceleró su matriz productiva. Si bien la producción en masa mejoró nuestro estándar de vida, consolidó un modelo económico lineal basado en «extraer, fabricar, usar y tirar».

En este modelo, como advierte la Fundación Ellen MacArthur, los materiales se desaprovechan en una trayectoria de una sola vía hacia el vertedero. El Ministerio del Medio Ambiente señala ineficiencias en toda la cadena: desde la extracción, donde se descartan millones de toneladas y se usan químicos tóxicos, pasando por empaques de rápido desecho, hasta la basura generada por la obsolescencia.

En Chile, el impacto es evidente. Según el Reporte del Estado del Medio Ambiente 2025, anualmente generamos hasta 11,4 millones de toneladas de residuos industriales (no peligrosos) y 9 millones de municipales. Históricamente, nuestra respuesta se limitó a exigir condiciones sanitarias: enterrar la basura domiciliaria en rellenos sanitarios y la peligrosa en rellenos de seguridad. Aunque vital para la salud pública, este enfoque consagró el modelo lineal al ser incapaz de fomentar la valorización de los materiales.

Para romper la inercia de enterrar recursos, Chile dio un giro con la Ley 20.920, de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP). Este nuevo modelo de gestión obliga a los productores a financiar y organizar la recolección y recuperación de los residuos de sus productos prioritarios (neumáticos, envases, aceites, aparatos electrónicos, pilas, baterías y, desde 2025, textiles).

Dentro de un año comenzará a operar al sistema de gestión en Valparaíso, pero cumplir las metas de recolección y valorización no depende solo de las empresas; requiere que nosotros hagamos llegar nuestros residuos a los puntos de recolección. Como diría Ortega y Gasset, “yo soy yo y mi circunstancia”. Nuestras circunstancias ya no son las de nuestros abuelos, por lo que hoy nos toca responder con acción frente al reciclaje.

 

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