Creatividad: menos talento, más método

Por Eduardo Piñones

jefe de carrera.

Ingeniería en Diseño de Productos.

21 - abril - 2026

Creatividad: menos talento, más métodoCuando pensamos en creatividad, es fácil imaginar a un artista frente a un lienzo en blanco, un músico componiendo una nueva pieza, o un escritor creando historias. La asociamos con talento, con algo que se tiene o no se tiene. Esa imagen, aunque poética, es una visión limitada de su alcance.

La creatividad está presente en cada decisión que tomamos. En cómo explicamos una idea a alguien que no la entiende. En cómo reorganizamos nuestra rutina cuando algo no funciona. En cómo un profesor encuentra la metáfora que finalmente hace que un concepto difícil encaje en la mente de un estudiante. Comunicar, enseñar, resolver problemas: todos estos son actos que admiten miles de respuestas posibles. Ser capaz de visualizar ese abanico de posibilidades y elegir la más adecuada según el contexto, los recursos y los objetivos es, en esencia, lo que significa ser creativo.

La visión de la creatividad como algo innato no solo es inexacta, sino que resulta además paralizante. Si la creatividad fuera un don con el que se nace, poco tendríamos que hacer quienes no la han recibido. Pero la evidencia apunta en otra dirección: la creatividad es una habilidad, y como toda habilidad, puede desarrollarse.

Un fotógrafo amplía su creatividad cuando comprende el comportamiento de la luz, los principios de composición, la psicología del color. No porque esos conocimientos lo obliguen a hacer algo en particular, sino porque le abren opciones que antes no existían para él. De la misma manera, el espacio creativo de un ingeniero se expande cuando domina conceptos de mecánica, magnetismo o logística: cada nuevo principio que comprende es una nueva herramienta con la que puede construir soluciones distintas.

El conocimiento técnico y la creatividad no son opuestos. Son aliados. El dominio profundo de un campo amplía el horizonte de lo posible.

Sin embargo, quizás el mayor potencial creativo no surge dentro de una disciplina, sino en sus bordes, justo donde diferentes campos de conocimiento se intersecan. La historia de la innovación está llena de ese tipo de encuentros inesperados.

El Paperfuge es uno de los ejemplos más llamativos de este hecho. Investigadores de la Universidad de Stanford, buscando una herramienta de diagnóstico médico de bajo costo para contextos sin electricidad, encontraron inspiración en los típicos juguetes run-run, esos que algunos de nosotros hicimos girar durante nuestra infancia. Reinterpretando ese principio elemental, construyeron una centrifugadora funcional que puede separar plasma de sangre en minutos, pesa menos de dos gramos y cuesta menos de un dólar. Una tecnología potencialmente salvavidas, construida desde la física de un juguete infantil.

Algo similar ocurre con el origami. Lo que durante milenios fue un arte de papel japonés hoy influye en el diseño de paneles solares, stents cardiovasculares y estructuras satelitales que deben compactarse para el lanzamiento y desplegarse luego en el vacío del espacio. Los principios del plegado, refinados por artistas que nunca imaginaron esas aplicaciones, resultaron ser exactamente lo que la ingeniería aeroespacial necesitaba.

Estos no son accidentes. Son el resultado de personas capaces de mirar más allá de los límites de su propia disciplina y reconocer que una solución a un problema ya existe, pero en otros contextos.

Hay una diferencia importante entre creatividad e innovación, aunque ambas se necesitan mutuamente. La creatividad es la capacidad de generar ideas nuevas y diversas. La innovación ocurre cuando esas ideas se materializan en soluciones concretas que mejoran algo que ya existía, o resuelven algo que nadie había resuelto antes.

Innovar exige un paso adicional: descomponer el problema real, acotarlo, entender sus restricciones, y proponer algo que funcione en el mundo y no solo en la imaginación. Es un proceso riguroso, que requiere tanto imaginación como disciplina.

Chile tiene capital humano para eso. Tiene personas que, todos los días, encuentran formas más inteligentes de hacer su trabajo, de atender a sus pacientes, de enseñar a sus estudiantes, de cultivar su tierra, de organizar su comunidad. Muchas de esas soluciones no reciben ese nombre, no aparecen en ningún informe de innovación, no generan patentes. Pero son innovación genuina.

El 21 de abril se conmemora el Día Mundial de la Creatividad y la Innovación. Es una fecha que invita a algo sencillo y profundo a la vez: mirar el propio entorno con ojos nuevos.

¿Qué problema resuelves hoy de la misma manera en que siempre lo has resuelto, sin haberte preguntado si existe una forma mejor? ¿Qué conocimiento de otro campo, de otra disciplina, de otra cultura, podría ayudar a resolver algo que hoy parece no tener salida?

El impacto no necesita ser inmediato ni masivo. Un pequeño cambio que mejora la vida de una persona es ya una forma de innovación. Pero ese mismo impulso, aplicado con rigor y escalado con intención, puede transformar una comunidad, una industria, un país.

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