Género y memoria: la fuerza del trabajo en red

Por Pamela Soto

Directora de Género USM.

Coordinadora Comisión Equidad de Género Red G9.

27 - julio - 2026

Hablar de equidad de género en la educación superior implica reconocer que las transformaciones institucionales son procesos de largo aliento, construidos a partir del trabajo colaborativo, la reflexión permanente y el compromiso de las comunidades universitarias. En ese contexto, la publicación de la Memoria Digital de la Comisión de Equidad de Género de la Red G9 de universidades públicas no estatales constituye una instancia para revisar los avances alcanzados tras un año de intensa labor y proyectar los desafíos que aún permanecen.

La primera reflexión surge de las narrativas de las directoras y representantes de género de nuestras nueve universidades: Pontificia Universidad Católica de Chile, Universidad Austral de Chile, Universidad Católica del Norte, Universidad Católica del Maule, Universidad de Concepción, Pontificia Universidad, Católica de Valparaíso, Universidad Técnica Federico Santa María, Universidad Católica de Temuco y Universidad Católica de la Santísima Concepción. Sus testimonios exponen la complejidad de institucionalizar la perspectiva de género. Lejos de ser un esfuerzo aislado, este avance se sustenta en un modelo asociativo y colaborativo.

El valor del trabajo en red radica en la capacidad de enfrentar desafíos complejos de manera conjunta, compartiendo buenas prácticas y reportando con transparencia tanto los avances como las tensiones de un cambio cultural de esta envergadura. La colaboración ya no es opcional; es el motor del desarrollo institucional.

Una segunda mirada del trabajo nos obliga a conectar el presente con la memoria histórica, ya que fueron las movilizaciones feministas de 2018 las que cimentaron el camino hacia la Ley 21.369 que regula el acoso sexual, la violencia y la discriminación de género en el ámbito de la educación superior en Chile y que hoy está plenamente implementada en nuestras comunidades. Esta normativa nos ha permitido consolidar Políticas Integrales que resguardan la convivencia universitaria frente a la violencia, la discriminación y el acoso. Sin embargo, el desafío actual va más allá de la base punitiva o preventiva: implica un compromiso con la excelencia en el conocimiento. Esto supone desmantelar estereotipos de acceso en ciertas disciplinas y asegurar condiciones de equidad en la producción y validación del conocimiento, con diversidad de voces que enriquezca la investigación y la formación que entregamos al país.

Finalmente, la equidad de género en la educación superior no es una meta estática, sino una transformación social profunda y en constante evolución. En este escenario, la memoria institucional no es nostalgia; es una condición estratégica fundamental para asegurar que los aprendizajes no se pierdan, los derechos adquiridos no retrocedan y nuestras universidades sigan liderando con excelencia los cambios que la sociedad civil nos exige.

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