El trabajo colaborativo liderado por dos profesionales de la casa de estudios ha fortalecido la inclusión laboral y estudiantil, con efectos concretos en calidad educativa, entornos laborales más justos y políticas institucionales.
Aportar a la inclusión laboral y educativa mediante acciones colaborativas en la Agrupación de Universidades Regionales (AUR) y la Red de Universidades Públicas no Estatales G9, es el trabajo que han desarrollado dos profesionales de la Universidad Técnica Federico Santa María. Se trata de Ilva Teheran, encargada de Atracción del Talento, Inducción e Inclusión Laboral de la Dirección de Gestión y Desarrollo de Personas, y de Marcela Liberona, coordinadora institucional de Inclusión de la Dirección General de Asuntos Estudiantiles.
Desde la AUR, la USM participa en espacios de articulación interuniversitaria orientados a la inclusión laboral, con énfasis en el intercambio de experiencias, el aprendizaje colectivo y la consolidación de políticas institucionales que promuevan el acceso a trabajo digno, especialmente para personas en situación de discapacidad.
“Mi rol en AUR está enfocado en el trabajo colaborativo en inclusión laboral y gestión de personas, aportando desde la experiencia de la USM y aprendiendo, al mismo tiempo, de otras universidades regionales”, explica Ilva Teheran.
La profesional destaca que uno de los principales avances impulsados desde esta red ha sido un cambio de enfoque, entendiendo la inclusión no como una acción aislada, sino como un compromiso institucional con la dignidad de las personas y con impacto social en los territorios donde las universidades están insertas.
“En la USM esto se ha traducido en generar oportunidades laborales reales, acompañar los procesos de inserción y sensibilizar a los equipos, entendiendo que la inclusión no es solo contratar, sino generar pertenencia”, agrega Teheran, quien subraya que cuando una persona accede a un trabajo digno, el impacto trasciende lo individual y alcanza a familias y comunidades completas.
Este trabajo, además, beneficia a toda la comunidad universitaria, ya que permite avanzar hacia entornos laborales más justos, accesibles y humanos, fortaleciendo el sentido de pertenencia y la calidad de vida laboral de quienes forman parte de la institución.
Entornos universitarios equitativos
En paralelo, la casa de estudios cumple un rol relevante en la Comisión de Inclusión de la Red G9, a través de la coordinación institucional de esta línea estratégica, orientada a consolidar una visión compartida de la inclusión como eje central de la calidad en la educación superior.
“Formar parte de la Red de Inclusión G9 es relevante porque permite fortalecer y proyectar el trabajo en inclusión como un eje estratégico, directamente vinculado al aseguramiento de la calidad y al reconocimiento de la diversidad en los contextos universitarios”, señala Marcela Liberona.
Desde su rol, la profesional lidera la articulación del plan estratégico de inclusión, promoviendo el intercambio de buenas prácticas, la sistematización de experiencias y la generación de lineamientos comunes que orienten la toma de decisiones con enfoque inclusivo en las universidades que integran la red.
“Este trabajo colaborativo se traduce en impactos concretos para estudiantado, profesorado y funcionariado, fortaleciendo entornos universitarios más justos, equitativos y respetuosos de la diversidad”, indica Liberona, destacando avances en políticas de acceso, permanencia y éxito académico, así como en el fortalecimiento de competencias pedagógicas inclusivas y condiciones laborales más equitativas.
Asimismo, enfatiza que avanzar de manera colaborativa en inclusión implica un cambio cultural profundo al interior de la comunidad universitaria. “La inclusión no se limita a normativas o programas, sino que se construye cotidianamente desde el respeto, la empatía y la apertura a la diversidad, reconociendo al otro como un legítimo otro en la vida universitaria”, sostiene.


