El riesgo invisible: por qué los riesgos psicosociales son el desafío de la seguridad laboral del siglo XXI

Por Enrique Calderón

Profesor de la especialidad de Prevención de Riesgos.

Departamento de Construcción y Prevención de Riesgos.

29 - abril - 2026

Cada 28 de abril, el Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo invita a reflexionar sobre los desafíos de la prevención laboral. Durante décadas, la seguridad se asoció a peligros visibles: maquinaria, sustancias tóxicas, caídas o fallas industriales. Pero el mundo del trabajo cambió. Hoy, una parte importante del daño a la salud de los trabajadores no proviene de esos riesgos tradicionales, sino de factores menos visibles, aunque igual de decisivos: los riesgos psicosociales.

Estos riesgos dependen de cómo se diseña, organiza y gestiona el trabajo. Factores como la sobrecarga, la presión por resultados, la ambigüedad de roles y la falta de apoyo afectan la salud mental, el bienestar y la seguridad. El estrés crónico y el agotamiento no solo deterioran la calidad de vida, sino que también aumentan errores e incidentes. Es importante entender que no son un problema individual, sino consecuencia de decisiones organizacionales y por ello, abordarlos exige avanzar hacia una gestión más integral del trabajo.

A esto se suman los riesgos emergentes. La digitalización, el teletrabajo y la hiperconectividad han transformado la experiencia laboral, difuminando los límites entre trabajo y vida personal y aumentando las exigencias. Nuevas formas de control, junto con la precarización y otros cambios, elevan el estrés y la incertidumbre. Así, los riesgos del siglo XXI ya no se limitan al entorno físico, sino que responden a transformaciones tecnológicas, organizacionales y sociales que redefinen el trabajo.

Chile cuenta con una base sólida en seguridad laboral y con instituciones que han contribuido a disminuir accidentes en diversos sectores. Sin embargo, los desafíos actuales exigen ampliar la mirada y la prevención ya no puede limitarse al control de peligros físicos ni al cumplimiento de protocolos; debe incorporar la gestión de los factores psicosociales y de los riesgos emergentes.

Esto obliga a repensar el diseño del trabajo, el liderazgo organizacional y la construcción de una cultura preventiva que considere el bienestar integral. También interpela la formación de los futuros profesionales en prevención de riesgos, quienes deberán combinar conocimientos técnicos con una comprensión más amplia de la organización del trabajo.

Hacer visible este “riesgo invisible” es una tarea urgente. Porque la prevención del siglo XXI no consiste solo en proteger a las personas de los peligros del trabajo, sino en diseñar trabajos que realmente las protejan.

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