Columna de opinión de Ricardo Cahe, Director USM Sede Viña del Mar.
Cada 26 de agosto conmemoramos en Chile el Día de la Educación Técnico Profesional, una fecha que nos invita a reconocer el aporte de una formación que, durante décadas, ha cumplido una función esencial: preparar personas para incorporarse al mundo del trabajo, entregándoles conocimientos y habilidades concretas para desempeñarse en áreas tan diversas como la minería, la industria, la construcción, la administración, la electrónica, la electricidad y la informática.
Hoy, sin embargo, este desafío se desarrolla en un escenario distinto ya que, factores como la inteligencia artificial y la automatización están transformando rápidamente la manera en que trabajamos. En algunas ocupaciones, determinadas tareas ya pueden ser realizadas o apoyadas por sistemas inteligentes: digitación de información, labores administrativas, procesos repetitivos de control, análisis básicos de datos, programación rutinaria o algunas operaciones industriales.
Pero automatizar tareas no significa necesariamente que una profesión vaya a desaparecer, la tecnología puede hacer que algunas funciones dejen de ser necesarias, pero también puede crear nuevas tareas y oportunidades, por lo que el verdadero desafío está en preparar a las personas para ese cambio.
Por eso, el mayor riesgo para la educación técnica no es que la inteligencia artificial disminuya el empleo, sino formar técnicos que no estén preparados para seguir aprendiendo y adaptándose cuando su entorno laboral cambie, porque la capacidad de actualizarse y adquirir nuevos conocimientos será cada vez más importante en el mundo del trabajo.
El buen técnico del futuro no será necesariamente quien memorice más procedimientos, sino quien pueda comprender un problema, utilizar herramientas digitales para buscar soluciones, verificar si la respuesta de una inteligencia artificial es correcta y tomar decisiones cuando la tecnología no tenga una respuesta adecuada.
Chile seguirá necesitando personas capaces de trabajar con máquinas y sistemas inteligentes, pero también técnicos que puedan resolver problemas en terreno, comunicarse con sus equipos, comprender procesos, supervisar sistemas y asumir responsabilidades que una máquina no puede asumir por sí sola.
En este contexto, la Educación Técnico Profesional debe avanzar hacia una formación que combine tres dimensiones: dominio técnico, competencias digitales y habilidades humanas. No se trata de competir con la tecnología, sino de aprender a trabajar con ella.
Como Universidad Técnica Federico Santa María, tenemos la responsabilidad de contribuir a esta tarea, formando técnicos preparados para los desafíos actuales, pero también para aquellos que todavía no conocemos. Porque educar para el futuro no significa enseñar a las personas a hacer siempre lo mismo, sino entregarles las herramientas para seguir aprendiendo durante toda su vida.


