Utilizando madera, tierra y paja, el equipo del Taller Avanzado, construyó el espacio que servirá para el descanso y como laboratorio experimental para distintos actores de la comunidad universitaria.
Construir con las propias manos utilizando una técnica ancestral que combina tierra, madera y paja fue el foco del Taller Avanzado de la carrera de Arquitectura de la Universidad Técnica Federico Santa María (USM), experiencia que permitió a estudiantes diseñar y levantar un refugio de descanso mediante el sistema de quincha seca, el que se ha adaptado a las exigencias de la construcción contemporánea por su alta eficiencia energética y bajo impacto ambiental.
La iniciativa reunió a 25 alumnos bajo la guía del profesor del Departamento de Arquitectura, Pablo Silva y el arquitecto invitado Camilo Moraes, quienes buscaron que los jóvenes vivieran una experiencia real de obra, participando en todas las etapas del proceso: desde descargar y harnear la tierra, fabricar herramientas y preparar mezclas, hasta levantar estructuras y aplicar las terminaciones.
Construcción con identidad
La quincha seca es uno de los cuatro sistemas de construcción con tierra reconocidos por la normativa chilena. Consiste en una estructura de madera rellena con paja de trigo prensada y revestida con mezclas de tierra, arcilla, arena y fibras vegetales.
Al respecto, el profesor Pablo Silva, explicó que “el sistema es altamente eficiente desde el punto de vista energético, está hecho con recursos locales como tierra, madera y paja, por lo que su huella ambiental es muy baja. Es una técnica ancestral reinterpretada para responder a las necesidades actuales de la arquitectura”.
Asimismo, puntualizó que la idea fue acercarlos a una experiencia de construcción que normalmente no ocurre durante la formación universitaria. “Aquí se metieron literalmente las manos al barro, comprendiendo cómo funcionan los materiales y adquiriendo la confianza necesaria para planificar e iniciar sus propios proyectos”.
Pablo Silva agregó que durante el proceso de construcción también se logró reducir la dependencia de los estudiantes de herramientas digitales durante el proceso creativo. En este sentido dijo que “en las primeras semanas llegaron con imágenes generadas por inteligencia artificial, pero decidimos dejar de utilizarlas porque no representaban correctamente las dimensiones reales de una construcción. Volvimos a trabajar con planos, maquetas físicas y construcción a escala real, porque era la mejor forma de comprender el espacio y los materiales”.
Arquitectura sustentable
Para el arquitecto Camilo Moraes, quien en el 2018 ganó el Festival Mundial de Arquitectura de Ámsterdam, este tipo de experiencias fortalecen la formación profesional al integrar diseño y construcción en un mismo proceso. “Un taller de diseño y construcción tiene un impacto muy positivo porque aproxima a los estudiantes a un desafío real, tanto desde el proyecto como desde la planificación y materialización de la obra. Además, este tipo de iniciativas tiene el potencial de aportar infraestructura útil para la comunidad”, afirmó.
Respecto del valor de la construcción con tierra, Moraes destacó que “la quincha seca permite trabajar con materiales locales que alcanzan una alta eficiencia térmica y, además, es uno de los sistemas constructivos normados en Chile. Es una excelente base para que los futuros arquitectos desarrollen soluciones responsables con el medio ambiente y socialmente beneficiosas”.
El arquitecto también subrayó la importancia de rescatar conocimientos tradicionales frente a los desafíos actuales de la sostenibilidad. “Las técnicas constructivas ancestrales han demostrado su eficacia durante miles de años. En el caso de la construcción con tierra, ofrecen un bajo impacto ambiental, una alta eficiencia energética y múltiples posibilidades de diseño para la arquitectura contemporánea”, sostuvo.
Laboratorio vivo
La construcción del refugio que se emplaza en una terraza del Departamento de Arquitectura se concretó gracias al apoyo de varias personas e incluso empresas que aportaron con materia prima para levantar la estructura. Un ejemplo de ello es la empresa KVK que donó las ventanas del espacio con la instalación incluida.
De la misma forma, profesores y estudiantes de otros departamentos de la casa de estudios aportarán desde su área para hacer del espacio un lugar de experimentación insitu.
Precisamente en este segundo semestre, el refugio se convertirá en un laboratorio vivo para el aprendizaje. En una iniciativa coordinada, la profesora de Arquitectura, Nina Hormazábal y docentes del Departamento de Física, a cargo del coordinador profesor Rodrigo Valdés, integrarán este espacio en las asignaturas de Física del Entorno (para primer año, nuevo Plan de Estudio) y Tecnologías Sustentables (para segundo año en su última versión).
Durante este semestre, más de 110 estudiantes monitorearán, medirán y analizarán el comportamiento térmico, lumínico y acústico del refugio utilizando instrumentos avanzados de bioclimática, también se comprobará si hay infiltraciones, con el ensayo de puerta sopladora o prueba de estanqueidad (blower door test) es una prueba que diagnóstica y mide la hermeticidad de la envolvente de un edificio. El objetivo es comprobar científicamente si el espacio optimiza las condiciones interiores del refugio para estudiar y concentrarse.
Una parte clave de este análisis consistirá en calcular la conductividad de los materiales para determinar sus transmitancias térmicas (U). Estos datos se contrastarán con la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (O.G.U.C. Art. 4.1.10), verificando si la estructura cumple con las nuevas exigencias para la zona climática de Valparaíso vigentes desde noviembre de 2025.
En una etapa posterior, estudiantes de los cursos superiores, tesistas y de posgrado realizarán estudios más complejos con campañas de mediciones con dataloggers y simulaciones energéticas para calcular con precisión la huella de carbono del refugio, su desempeño energético (demanda de calefacción y ventilación) y el bienestar para los usuarios del refugio. Con este modelo base validado, se proyectará este diseño en las siete zonas climáticas de Chile, simulando diferentes orientaciones de ventanas y adaptando los materiales a las realidades locales de cada latitud.
Al respecto, la profesora Hormazábal puntualizó que “disponer de una obra a escala real es un verdadero lujo pedagógico para el estudio de la física de la edificación. Este refugio permite a los estudiantes tangibilizar los cálculos teóricos. Además, los ayuda a comprender en la práctica el impacto directo que tiene la arquitectura a través de las decisiones de diseño, la elección de materiales y el clima local en el confort de los habitantes y la eficiencia energética de la arquitectura”.


