Vitamina D: una política pública para una brecha invisible

Por Daniel Moena

Docente del Departamento de Química y Medio Ambiente.

Sede Concepción.

3 - septiembre - 2026

Vitamina D: una política pública para una brecha invisibleChile suele asociarse al sol y a la vida al aire libre. Sin embargo, esa imagen esconde una paradoja: muchas personas no reciben suficiente radiación solar o no cuentan con acceso permanente a una alimentación variada y a suplementación indicada. Por eso, fortificar leche y harina de trigo con vitamina D es una respuesta de salud pública frente a una deficiencia silenciosa.

La nueva normativa incorpora vitamina D3 en productos de consumo habitual, tras modificar el Reglamento Sanitario de los Alimentos. Su valor está en abordar el problema sin depender solo de suplementos, controles médicos o cambios individuales difíciles de sostener.

Durante años, la vitamina D fue presentada como “la vitamina de los huesos”, por su papel en la absorción de calcio y la salud ósea. Esa función sigue siendo esencial, pero no es la única. También participa en procesos relacionados con la regulación del sistema inmune y la respuesta inflamatoria. Por ello, su déficit no debe entenderse únicamente como una cifra baja en un examen, sino como falta de un nutriente con diversas funciones en el organismo.

La fortificación tiene, además, un valor de equidad. Recomendar “tomar más sol” no siempre es suficiente ni posible: la latitud, estación del año, el tipo de trabajo, la edad, condiciones de salud y algunos medicamentos influyen en sus niveles. La suplementación requiere diagnóstico, recursos y adherencia. Incorporar vitamina D en alimentos de consumo extendido traslada parte de la respuesta individual hacia una estrategia colectiva.

Chile ya conoce el impacto de estas políticas. La yodación de la sal ayudó a prevenir trastornos asociados a la falta de yodo y la fortificación de la harina con ácido fólico se relacionó con una reducción cercana al 44% de los defectos del tubo neural al nacimiento. Son intervenciones poco visibles, pero capaces de cambiar la trayectoria de problemas que afectan a miles de personas.

La medida no es una solución mágica. Exige fiscalizar a la industria, monitorear los niveles incorporados y evaluar sus efectos. Tampoco busca incentivar el consumo excesivo de pan o leche, sino mejorar la calidad nutricional de alimentos ya presentes en la dieta.

Su mayor mérito es reconocer que la biología ocurre en cuerpos atravesados por desigualdades. La fortificación no resolverá por sí sola los múltiples factores que condicionan la salud, pero puede contribuir a reducir la deficiencia de un nutriente esencial mediante una estrategia de alcance poblacional. Prevenir también significa actuar antes de que una brecha invisible se transforme en un problema de salud.

 

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