Estados Unidos, Irán y el palacio de la paz endeble

Por Claudio Tapia Figueroa

académico.

Departamento de Estudios Humanísticos.

26 - junio - 2026

Estados Unidos, Irán y el palacio de la paz endebleCabe preguntarse qué podemos esperar del nuevo acuerdo de entendimiento firmado en Versalles entre Estados Unidos e Irán. La gran mayoría de los países siguen atentos a los avances o retrocesos de este memorándum, especialmente porque la dependencia de los combustibles fósiles aún domina la economía internacional. En consecuencia, cada fluctuación relacionada con el petróleo genera un impacto directo en las arcas fiscales y en el bolsillo de los ciudadanos, quienes se ven sometidos a los vaivenes globales sin poder modificar su vulnerabilidad energética.

Hace más de dos décadas, Zbigniew Brzezinski definió la política mundial como un “gran tablero”. Hoy, la geopolítica y la geoeconomía siguen determinando el rumbo planetario en función de la apertura o el cierre de las rutas de hidrocarburos. Sin embargo, hablar de crisis energéticas no es una novedad; basta retrotraerse a 1973 para recordar su impacto en el orden financiero. Lo que agrava el escenario actual es la latencia del conflicto armado: tensiones geopolíticas que, aunque no siempre escalen a una guerra abierta, permanecen en un estado de contención. Esta amenaza constante genera efectos globales inmediatos, disparando la inflación, alterando las cadenas de suministro y sumiendo a los mercados en una volatilidad permanente ante el temor de un choque militar inminente.

¿Qué ha cambiado, entonces, en estas décadas? Fundamentalmente, la naturaleza del liderazgo contemporáneo, el cual ha roto con los cánones tradicionales del ejercicio del poder. Por ello, vale la pena preguntarse qué es más relevante hoy para los mandatarios: ¿demostrar liderazgo, capacidad de negociación, abogar por la paz o el deseo de trascender históricamente? Esta última motivación cobra fuerza bajo el planteamiento de la historiadora Margaret MacMillan, quien sostiene que las decisiones individuales de los líderes están moldeadas por sus personalidades e intereses, más todavía cuando tienen el poder real de definir el rumbo de la paz o la guerra. Bajo esta premisa, el escenario global no deja indiferente a nadie; tanto el especialista como el ciudadano común enfrentan la incertidumbre de cómo las motivaciones particulares de quienes gobiernan a miles de kilómetros impactan su vida cotidiana en lo más básico.

De ahí que el simbolismo de Versalles adquiera una vigencia preocupante. En ese mismo palacio, hace poco más de un siglo, se firmaron los tratados que pretendían restablecer la paz tras la Primera Guerra Mundial. Si bien en 1919 algunos líderes de la Entente advirtieron sobre los peligros de imponer condiciones punitivas desmedidas, sus planteamientos fueron desestimados, sembrando los determinantes de un nuevo conflicto bélico a los pocos años. A diferencia de aquella época, donde el destino dependía de una concertación de imperios, hoy predomina la decisión personalista. Y en el actual escenario, el estilo se ampara en las raíces más crudas del realismo político del siglo XIX: la amenaza del uso de la fuerza como principal mecanismo de persuasión. En este complejo escenario, la paz mundial vuelve a ser tan frágil como los espejos de Versalles.

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