Día Internacional de los Glaciares: El retroceso del hielo y desafíos hídricos en Chile

Por Francisco Cereceda

profesor titular Departamento de Química; director CETAM..

Departamento de Química; CETAM..

20 - marzo - 2026

Estudios recientes desarrollados por el Centro de Tecnologías Ambientales de la Universidad Técnica Federico Santa María (CETAM-UTFSM) en conjunto con colaboradores internacionales evidencian menor acumulación de nieve, ascenso sostenido de la línea nival y aceleración del retroceso glaciar en cuencas clave del centro del país, antecedentes que fortalecen la necesidad de políticas públicas basadas en monitoreo científico, permanente y sostenido en el tiempo en la cordillera de los Andes.

Cada año, la comunidad científica y los organismos internacionales vuelven la mirada hacia la criósfera para recordar que el hielo de montaña no es solo paisaje, sino infraestructura natural crítica para la vida humana. En este marco surge el Día Internacional de los Glaciares, instaurado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como parte de su agenda de ciencia y sostenibilidad, con el objetivo de visibilizar el retroceso acelerado de los glaciares a escala global y promover la cooperación entre países en materia de monitoreo, investigación y gestión del agua. La conmemoración se alinea con iniciativas del sistema de las Naciones Unidas orientadas a fortalecer la seguridad hídrica y la adaptación al cambio climático en regiones dependientes del deshielo estacional.

En paralelo, en Chile la preocupación por la pérdida de reservas de hielo dio origen a una efeméride propia el 21 de marzo: el Día Nacional de los Glaciares, establecido para reconocer el valor estratégico de estos ecosistemas en un país cuya disponibilidad de agua depende en gran medida de la cordillera de los Andes. Esta fecha busca acercar la evidencia científica a la ciudadanía, promover educación ambiental y reforzar el debate sobre políticas de protección, en un contexto marcado por más de una década de megasequía y por el retroceso sostenido de la masa glaciar en prácticamente toda la cordillera de los Andes.

Ambas conmemoraciones, una de alcance global y otra centrada en la realidad local, convergen en un mismo mensaje: los glaciares no son únicamente indicadores del cambio climático, sino reservas de agua dulce esenciales para la estabilidad ecológica, social y productiva del territorio. Desde esa premisa, el caso chileno resulta especialmente elocuente.

El país alberga más de 26 mil glaciares, equivalentes a cerca del 80 % de los existentes en el subcontinente. Estos cuerpos de hielo funcionan como reservas naturales que almacenan precipitación sólida durante el invierno y liberan agua gradualmente en primavera y verano, estabilizando los caudales de ríos que abastecen consumo humano, agricultura y generación energética. Sin embargo, la megasequía prolongada y el aumento de las temperaturas medias han reducido de forma sostenida la acumulación nival y la masa glaciar, debilitando esa capacidad reguladora y todos sus servicios ecosistémicos asociados.

La evidencia científica reciente confirma esta tendencia. El estudio “Snow Cover Trends in the Chilean Andes Derived from 39 Years of Landsat Data and a Projection for the Year 2050”, publicado en la revista Remote Sensing y liderado por el investigador Andreas J. Dietz, perteneciente al Deutsches Zentrum für Luft- und Raumfahrt eV (DLR ), en español la Agencia Aeroespacial de Alemania , junto a un equipo internacional que incluyó al Dr. Francisco Cereceda‑Balic, director del CETAM-UTFSM y Prof. Titular del Departamento de Química de la misma universidad, quienes analizaron imágenes satelitales Landsat entre 1985 y 2024 en las cuencas de los ríos Aconcagua y Maipo. El trabajo determinó un ascenso sostenido de la elevación de la línea de nieve, con incrementos promedio de 11,25 metros por año en el Aconcagua y de entre 9,85 y 15,65 metros por año en el Maipo, lo que implica menor superficie cubierta de nieve en cotas bajas a lo largo del tiempo.

Las proyecciones del mismo estudio indican que, de mantenerse la trayectoria climática actual, hacia 2050 la cobertura nival estival podría disminuir hasta en un 42 % en algunos sectores y la línea de nieve retroceder más de 200 metros respecto del periodo de referencia 1991–2020. Estos resultados anticipan menor aporte de deshielo para cuencas densamente pobladas y refuerzan la necesidad de planificación hídrica adaptativa y normativa de protección de glaciares y zonas periglaciares.

En paralelo, el Centro de Tecnologías Ambientales ha fortalecido el monitoreo en alta montaña mediante los laboratorios‑refugio NUNATAK‑1 (NNTK-1), en Portillo, cuenca del Aconcagua y NUNATAK‑2 (NNTK-2), cuenca del Maipo. En estas estaciones se ha estado midiendo desde el año 2016 en el NNTK-1 y desde el 2021 en el NNTK-2, contaminantes atmosféricos (gases como NO, NO2, CO, O3), material particulado (PM10, PM2.5 y PM1.0 y distribución por tamaño de partículas entre 0.26-34 um en 31 canales) y carbono negro (BC), deposición seca (material particulado sedimentable) y deposición húmeda, además de variables meteorológicas, albedo y propiedades fisicoquímicas de la nieve. Las mediciones muestran que la deposición de aerosoles, en especial del BC y polvo mineral (MD), reducen la reflectancia del hielo y la nieve, aceleran la absorción de radiación solar, favoreciendo procesos de fusión temprana, disminuyendo dramáticamente el albedo de la superficie de la criósfera. Este enfoque integra química atmosférica y criósfera para comprender cómo la contaminación regional puede intensificar el retroceso glaciar impactando finalmente en el cambio climático local, regional y global.

El trabajo de campo en la cordillera de los Andes se ha complementado con campañas en ambientes polares, donde el CETAM ha participado junto a sus colaboradores internacionales en variadas Expediciones Científicas Antárticas, donde se evalúan los mismos contaminantes atmosféricos medidos en los Andes y su presencia en nieve y hielo de la Antártica para comparar procesos entre latitudes medias y zonas remotas. Estas iniciativas fortalecen la cooperación internacional y aportan datos comparables que permiten contextualizar la situación de los Andes, aportando datos fundamentales para entender los impactos antrópicos de esta parte del mundo y para completar los modelos climáticos globales.

A nivel institucional, el país ha avanzado en marcos de adaptación climática y en sistemas de monitoreo hidrológico. El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático impulsado por el Ministerio del Medio Ambiente en 2014 estableció lineamientos para planes sectoriales, mientras que la Ley Marco de Cambio Climático (Ley N.º 21.455), promulgada en 2022, fijó el objetivo de alcanzar la carbono‑neutralidad y resiliencia climática a más tardar en 2050. En el ámbito hídrico, el Plan de Adaptación al Cambio Climático para los Recursos Hídricos, coordinado por la Dirección General de Aguas del Ministerio de Obras Públicas con apoyo del Ministerio del Medio Ambiente y organismos internacionales, busca fortalecer la seguridad hídrica mediante mejor información de cuencas, monitoreo de variables hidrológicas y medidas de adaptación frente a sequías e inundaciones.

En paralelo, la Dirección General de Aguas ha ampliado la red nacional de observación hidrométrica, nivométrica y glaciológica para contar con registros continuos de caudales, acumulación de nieve y cambios en el volumen de hielo. Estos sistemas permiten mejorar la gestión de embalses, la planificación territorial y la evaluación de riesgos en un contexto de creciente variabilidad climática. Sin embargo, en ninguna parte de estos avances legislativos y normativos se señala la necesidad de contar con una ley de protección de glaciares y zonas periglaciares.   Por lo mismo, diversos análisis científicos han señalado que, pese a estos avances en monitoreo y planificación, aún persisten vacíos normativos en la protección específica de glaciares y ambientes periglaciares, ecosistemas clave para la regulación natural del agua en las cuencas andinas.

Los vacíos antes señalados solo se pueden subsanar con la generación de una ley integral que otorgue protección explícita a glaciares y ambientes periglaciares, sin ella las intervenciones en zonas de montaña se seguirán evaluando de manera fragmentada. Considerando el carácter estratégico de estas reservas de agua dulce, la evidencia científica respalda la necesidad de marcos regulatorios preventivos y robustos que resguarden tanto la nieve, el hielo visible y aquel que no se ve a simple vista, como son los glaciares de roca y de escombros, incluyendo el permafrost, así como los ecosistemas altoandinos asociados.

El Día Internacional y el Día Nacional de los Glaciares trascienden así la conmemoración simbólica y se consolidan como oportunidades para articular investigación aplicada, educación ambiental y políticas públicas basadas en datos, por ello sin ciencia no hay futuro.

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